Thomas de Quincey nos hace saber en las Confessions of an Opium-Eater que, como lector infatigable de Tácito, su espíritu siente un ímpetu de respeto y grandeza cada vez que lee las palabras Consul Romanus. En nuestra historia como lectores tropezamos de vez en cuando con espléndidas oraciones que combinan la expresión perfecta de una idea con una resolución estética arquetípica. Yo siento que Borges ha dado con una de esas expresiones eternas cuando, refiriendose a la pasión que pueden despertar en ciertos indivíduos disciplinas de acero como las matemáticas o la metafísica, habla de las secretas aventuras del orden.
-
¡Búscalo!
-
Entradas Recientes
-
Enlaces